Mario de Casas, presidente del ENRE (Ente Nacional de Regulación de la Electricidad) explica las diferencias entre las políticas tarifarias en materia de servicios públicos entre los gobiernos de Macri y Cristina. Avienta cualquier letanía referida a la insustentabilidad de los subsidios y afirma que el acceso a la luz, el gas y el agua debe tratarse como un derecho básico de la población.

Otras de sus definiciones fueron:

–          No hay una sola medida del macrismo que no haya estado orientada a transferir recursos de las mayorías a los sectores concentrados. La política tarifaria es una de ellas.

–          Los tarifazos descomunales implican una transferencia fenomenal de recursos de los usuarios a las empresas prestatarias, algunas de ellas muy vinculadas al elenco de gobierno.

–          Estas tarifas impiden el desarrollo nacional.

–          Durante los gobiernos de Néstor y Cristina sí hubo aumentos tarifarios, es falso lo que dice el macrismo acerca de que estaban congeladas. Pero el Estado pujaba para que las empresas tuvieran una tasa de ganancia razonable, esa era la pelea nuestra. Las empresas ganaron y no ganaron poco, pero tampoco ganaron una locura como ahora.

–          Nuestra premisa era que los servicios esenciales (luz, gas, agua) debían llegar a todo el mundo. Tienen que ver con condiciones mínimas de vida digna.

–          Dado el carácter estratégico de estos servicios, no pueden estar conducidos por la lógica exclusiva de la rentabilidad. En países como el nuestro, deben ser estatizados.

–          Subsidios tiene que haber siempre, aun si el servicio lo presta el Estado. El Estado también tiene costos. Los subsidios de nuestro gobierno estaban muy por debajo del promedio de los países centrales.

–          Ocurre que nosotros obteníamos recursos, por ejemplo, de las retenciones, que implica apropiarse de la tasa de ganancia extraordinaria de los dueños de la tierra. Eso está en discusión.

–        Macri habló hace poco de “la batalla cultural” esta es una derecha que tiene muy claras las cosas en ese aspecto. Encender la estufa no es para todos. Ciertamente sus planteos son cínicos, pero, efectivamente, es una batalla cultural.

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