Por: Marcelo Padilla

Por definición, “los que se la saben todas”, son 4 o 5 como máximo. Pocos, para que sea hermético ese saber. Sabérselas todas es una chicana que se usa vulgarmente, pero tiene su acervo cultural y material para nada despreciable cuando hablamos del saber. La pregunta es por el saber. ¿Qué significa saber? Qué es el saber, cómo se funda, dónde, por qué circuitos circula; y así… podemos seguir con la lista de preguntas por el saber. ¿Por qué me pregunto esto? Bien, pues porque en la política se da mucho, en todos los partidos y lo que se termina viendo es la punta del iceberg. La punta es la punta pero lo que sostiene es la base que aguanta estoica bajo el agua. Entiendo que el planteo que hago puede acusarse de “basista” o de “asambleísta”. Pero no compartiría tal acusación en este caso porque a mí me importa primero el peronismo como movimiento de masas y después lo que se hace con el peronismo y su masa.

Una cosa es una troica que está en el derpo cuando gobierna, -y se entiende por razones de gobernabilidad y cerco necesario, porque siempre estará en la mira de los medios y de los enemigos, externos e internos-, y otra es la camarilla. Eso sucede. No lo discuto, al menos, en este escrito. Lo que sí discuto es a las organizaciones del campo nacional y popular, peronistas especialmente, que tienen para sí un grupo de notables frente a los subalternos, que “no saben”. Los que mandan sabrían más en la jerarquía. Son los que bajan las órdenes. Según la organización de que se trate puede que se permita la disidencia de los que “no saben” y ese planteo llegue a la punta del iceberg para replantear todo. El ejemplo dado sería una muestra de mínima sanidad organizativa. El problema está en los que “creen” en la ilusión de “poseer el saber”, dividiendo, poniendo una frontera frente a los que “no poseerían el saber”.

Yo afirmo lo siguiente sin más rodeos: no hay un saber, “hay saberes”. Unos son construidos por el conocimiento en las instituciones, en la formación de la lectura, y otros en el campo de la experiencia. El saber de la experiencia siempre estaría sospechado por su baja estatura. Pero no debe ser así. Es el saber de la experiencia que brota de la tierra o de las cloacas el que “conoce”. Ese conocer es “el conocer popular”, que a veces tiene formas de silencio, que circula subterráneamente y por momentos explota como un volcán. Ahí, en esas explosiones, es donde los que se creen que se la saben todas, “no saben” qué hacer. Y en otras ocasiones tampoco, no tan explosivas.

Conocer y saber no son lo mismo. “El Saber” es una forma de poder que funciona como instrumento de dominación sobre los subalternos. “Conocer” es una búsqueda y “un estar” en la vida, siempre aprehendiendo al mundo. El peronismo nació a mi juicio al revés. No fue con un líder que impuso una doctrina, fue un pueblo que puso a su líder para ser representado y la misma realidad del conocimiento de lo popular llevó a la formulación de una doctrina a través de la cual se sintió identificado un colectivo o una alianza de clases. Por eso hay que tener cuidado cuando se hace política.

Escuchar “el conocimiento de la experiencia” debería ser la premisa. Escuchar y hacer silencio. Proceso que no debe quedar ahí como una pose demagógica, porque la circulación de “esa escucha” es la que luego construye y empodera identidades. Los grupitos de 4 o 5 no sirven. Es mejor ser un buen escuchador que un buen hablador y mucho mejor ser un buen aperturista. No se pierde nada. Los que se ponen nerviosos son siempre 4 o 5.

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